martes, 1 de julio de 2014

Pasaje breve

Hoy voy a evaluar lo que me hiciste y lo que me costo.

Empezaré por reconocer el daño (aunque son varios, trataré de hacerlo uno por uno).

Hoy reconozco que lastimaste mi orgullo de mujer.
Que volteaste de cabeza mi vida por simple placer.
Que descompusiste mi cerebro.
Que me robaste la capacidad de amar.
Que me quitaste la confianza en mi misma, pero sobretodo en otras personas.

Hoy reconozco que eres el único hombre al que en verdad he amado.
Que me hiciste daño al tratarme como un desechable.

Acepto que de una u otra forma, siempre voy a estar enamorada de ti. Y también admito que ya no soy lo que buscas y tu no eres lo que yo necesito.

Admito todo eso, ya jamás lo volveré a negar, porque negarlo sería negar mi propia existencia.  El costo que he pagado por cada una de las cosas enumeradas (y las que por una u otra razón se omiten) ha sido el siguiente: He perdido la capacidad de amar (a mi misma y a otros). Me quedé sin vida propia esperando vivir la tuya conmigo, cuando de una manera drástica modificaste tus acciones y tus sentimientos.

Hoy trataré de decirte TODO lo que no he podido o no sabido decir; esto es necesario por mi bien, y aunque soy consciente que mis preguntas no obtendrán respuesta, estoy segura que servirán como un desagüe por donde dejar que escurra toda la mierda, los desechos y cualquier sentimiento que se halle en estado de putrefacción.

Todo este tiempo he pensado en como sería la vida si volvieras, ¿Qué reacción tendría? ¿Acaso te correría como a un leproso? No, jamás tendría el valor para tratarte de la manera en que tú lo hiciste conmigo. No, pero exigiría esa plática pendiente que me debes y yo creo que por cobardía jamás tuviste conmigo.

¡Si! ¡Claro que la necesito! Si no, no escribiría estas odiosas y estúpidas líneas.  Estoy casi segura que JAMÁS la tendremos, por eso me veo obligada, como una terapia para mi, a escribir esta "carta" que nunca llegará a ti; la escribo como una forma de exteriorizar todo lo que en voz alta no me atrevo a reconocer.

Empecemos la historia, no desde el tiempo que tu sabes, ¡NO! Que inicie desde la trágica última vez...

X/X/2004 2:35 am aprox.

Suena mi celular, lo escucho a lo lejos pues estoy dormida y mi inconsciente se niega a liberar a mi consciente, aún así... despierto.

-¿Bueno? (contesté de forma automática, seguía medio dormida)
-Hola, ¿Dónde estás?
-En mi casa. Contesté de forma automática, seguía medio dormida. ¿Por qué?
-Bueno, ahorita te marco.
Tu voz resonó en mi oído, ya por fin mi cerebro reconoció tu voz con tono autoritario como si fuera un objeto que esta a tu disposición cuando te plazca.
-¿Porque? ¿Qué pasó flaco? ¿Estas bien? Lo admito, me asusté. Después de no tener noticias tuyas en mucho tiempo (bastante diría yo), aparecías queriendo hablar conmigo a media madrugada.

No contestaste, para variar no esperaste para que te permitiera yo algo, solo diste por hecho que tenías el derecho y podías hacerlo.  En menos de 10 segundos suena mi teléfono, contesto apresurada, ya sabía que eras tú.

-¿Que ondas? ¿Qué paso flaco?. El pecho se me quería salir; tú respuesta fue un seco NO. ¿Qué tienes? ¿Qué te hicieron? ¿Qué te pasa? Mi voz suena afligida porque en realidad estoy preocupada por ti.

-Me siento muy mal, últimamente las cosas no han salido como yo esperaba.  Estoy seguro que me toca pagar todo lo que he pedido. Me siento como si estuviera tocando fondo.

Hubo un silencio monstruoso, te escuchabas derrotado y muy desesperado, no sabía que decirte. ¡Por favor, eran las 2:40 am! Al fin pude decir...

-¿Pos que traes flaco? ¿Qué te pasó que llegaste hasta este punto? Jamás te había oído así.
-Es que deveras ya no puedo, ya no tengo fuerzas para seguir.  Me siento muy mal, tengo ganas de llorar pero ya ni siquiera eso eso es posible.  Estoy deprimido y  yo sé que tú eres la única persona que me puede sacar de este pinche hoyo.

¿Qué? ¿Quién? ¿Yo? A cabrón ¿Y yo por qué? ¿De qué me esta hablando?

-¡Hay Flaco!. Mi voz sonó tierna y protectora. ¿En qué te puedo ayudar? Mira no me da gusto que estés así, pero te agradezco que pienses en mi para contarme tus cosas.  Cuando te dije que cuando me necesitaras aquí estaba para ti, era cierto (lo estabas comprobando). ¿Qué puedo hacer por ti?
-Por el momento escucharme...

Tomé el teléfono inalámbrico y me moví sigilosamente hacia el patio; quería que la conversación fuera privada y que no se fuera a despertar alguien en la casa ,porque entonces sí ¡La que se hubiera armado!.

-Haber, explícame ¿Qué es lo que tienes que pagar? ¿A quién? ¿Qué debes? Estoy desconcertada, no tengo la mínima idea de lo que hablas.
-Tú sabes que siempre que le he pedido algo, siempre me lo da... Como aquella vez en el hospital cuando le dije ¡Por favor, que se muera él y no yo! Y a los 15 minutos le dieron la noticia a sus papás: Su hijo había muerto.

No lo recordaba, sí me lo habías contado y me causó la misma impresión que cuando lo escuché por primera vez.

-Sé que sueno como un monstruo, tal vez si lo sea, pero en realidad lo deseaba y yo sé que todo se paga en esta vida y me tocó la hora de saldar cuentas, porque me lo cumplió.
-Pero, ¿Quién flaco?
-Dios o el Diablo, yo prefiero pensar que ha sido el Diablo el que ha escuchado siempre mis súplicas y que le debo todo lo que tengo, he tenido y tendré.
-No mames, no hables así. ¡No digas eso!
-¿Sabes? Sólo una vez me he sentido así como me siento ahora; creí que jamás volvería pasar por algo así, sólo que esta vez las situaciones son diferentes; ahora no las conozco, antes si...

Tú voz se quebró ¿Qué me estabas diciendo?

-¿Cuándo te sentiste así? ¿Por qué?. Te pregunté, creo que ya sabía la respuesta pero contigo aprendí a no dar por hecho las cosas.
-Cuando me dejaste. -Te escuchaste con resentimiento y con mucho dolor-. Cuando me dejaste - Repetiste una vez más, no sabía que decirte, las razones las conocías y las aceptaste. No tenía caso hablar de eso, pero parece que ese era el punto al que querías llegar. ¿Lo era? ¡Claro! Tú no sueltas un golpe sin esperar dar el trancazo.  Me sentí muy mal porque yo no sabía bien hasta que punto te había dolido; después de la separación te esfumaste, luego sólo te vi en encuentros fugaces-.

-No me digas eso, tú sabes bien las cosas...
-No, aún no las entiendo; no entiendo cómo teniéndolo todo se me esfumó de las manos ¿Por qué me dejaste? Tú eres la única persona que he amado... ¿Lo sabes verdad?

No sabía qué decir ¡Por favor! El punto no era ese Flaco, no estábamos hablando de eso.

-¿Por qué te quedas callada? ¡Contesta!...

¿Yo porque habría de contestar eso? Mi corazón recién soldado estaba tratando de no volver a romperse... fue imposible.

-No Flaquito, pues no sé que decirte.  Las cosas cambiaron y tú estuviste de acuerdo en ese entonces...
-¡No! ¡No, pinche Zulma, no! Yo te amaba ¿Por qué iba a querer que te fueras?
-¿Por qué? Porque pasaron muchas cosas que hicieron que nuestra relación se convirtiera en un círculo viciosos.  Todo estuvo mal desde el principio, cuando estuvimos en equilibrio, no supimos mantenerlo, ahora me doy cuenta y reconozco que el error fue de los dos.  Yo, al final, no pude perdonar eso que hiciste...
-¿Qué? . Me preguntaste muy enojado, querías que específicamente te dijera de qué hablaba, pero tú sabías muy bien.
-Eso que hiciste por "NECESIDAD" cuando dijiste que "jamás harías algo así".  Eso me demostró que ahora no eras el hombre del que yo me enamoré.  Te volviste imprudente, mas insensible y te cubriste con una barrera aún mas fuerte, que yo ya no pude traspasar.
-Sí, lo sé. Pero, ¿Tú no pudiste perdonar algo parecido a lo que tú me hiciste? Claro que en diferentes condiciones porque tú y yo NO ANDÁBAMOS y tú sí andabas conmigo cuando pasó.
-¿Tenías que sacarlo a relucir?
Mi rostro dibujó una sonrisa sarcástica.  Pensé que ya lo habías dejado atrás.

-Sí, sí... Ya sé, lo siento. No era mi intención.

¿No era? ¡Ja! ¡Claro que lo era! Pero bueno, yo tenía que ceder, no era el momento de empezar a discutir por esa historia truculenta; además, no tenía ganas de hacerlo.

-¿Ya acabaste o quieres decirme más? ¿En realidad quieres discutir ese punto? Eso no importa ahora mijo, orita lo más importante es lo que tú sientes y ver qué podemos hacer.
-Sí, sí, sí... Yo sé, es que de verdad aún no entiendo muchas cosas.  Yo sé que tú eres la mujer de mi vida, yo sé que nunca podré encontrar a alguien como tú...

Interrumpí en seco, no tenía caso que me dijeras todas esas cosas ¿Para qué?

-Flaco, perate. Las cosas ya no son como antes, ya no soy lo que tú quieres y tú no eres lo que yo espero.
-¿Diferentes? ¿En qué? Dímelo, ya te dije que en mí no ha cambiado nada.  Tú eres mía ¡Mía! ¿Lo entiendes? Desde siempre lo has sido y siempre lo serás.

-¿Qué? ¿Qué demonios dices? Espérate flaco, yo no soy un sillón, un calcetín o cualquier cosa que pueda tener un dueño. ¿Así me consideras? ¿Un objeto?
-No chiquita, no malinterpretes, por ahí no va la cosa.  Tú eres la mujer que amo, la que fue designada para mí, sólo para mí y de igual forma yo soy tuyo.  No es que sea tu dueño, es sólo que ambos nos pertenecemos.

Estaba atónita, no podía creer lo que me estabas diciendo; en realidad estabas muy mal, tan mal que te atreviste a (según yo creí) abrir tu corazón.  No supe que decir, sólo alcancé a articular:

-Yo, yo no... no sé que decirte flaco, por favor no me digas eso, no tienes ningún derecho a hacerme esto.  Tú haz tú vida y créeme que yo estoy intentando hacer la mía... con alguien mas.

El silencio fué abismal, ni tú ni yo nos atrevimos a decir más. Sólo se escuchó tu voz ronca decir...

-Gracias amor, eso era lo que quería escuchar.  Adiós...

Colgaste sin decir más, yo quería decir que esperaras, que teníamos qué hablar al respecto, pero ya no hubo tiempo.

...10 años han pasado ya...

No hay comentarios:

Publicar un comentario